En la Pedagogía Montessori cada niño tiene su lugar, siempre

 

“Que el objetivo de ir a la escuela no sea aprobar o suspender, sino aprender. Que quien evalúe no sea el maestro, sino el mismo niño. Y que sea así como se haga más responsable de lo que aprende, sí, pero también de su vida.

Neus Sanmartí (Barcelona, ​​1943) es catedrática de didáctica de las ciencias y doctora en ciencias químicas por la Universidad Autónoma de Barcelona. Maestra de niños y maestra de futuros maestros, hablamos de la necesidad de educar con pasión y con sentido.
   
Fuiste una excepción.

Las monjas dijeron a mi familia que era mejor que estudiara. Formé parte del primer nocturno femenino de Barcelona. En aquella época, de institutos con chicas sólo había tres.

¿Qué has aprendido y desaprendido, los modelos que tenías de maestros?

Al final, sea cual sea el sistema, de maestros buenos siempre ha habido, lo único que son pocos. Recuerdo una de lengua y literatura que nos empezó a hablar de Orland furioso. Cuando terminó le preguntamos si la historia no tenía final. Nos respondió: “Inventaos-el”. No recuerdo las clases de texto mecanizadas, sino la de los maestros que hacían cosas diferentes.

Qué te acaba quedando de un maestro?

Lo mejor que te puede quedar de un maestro son las ganas de hacerte preguntas. La capacidad de estimularte. Recuerdo que entonces empezamos a escribir como si lo que hacíamos fueran novelas.

Debemos huir de la repetición?

No hay ni un método ni un instrumento bueno para todos. La educación como más creativa y diversa es, más te queda.

La escuela de hoy todavía es la de los ganadores y perdedores?

Estadísticamente, sí. Un niño pequeño sabe perfectamente quien hace bien los dibujos y quién no. Esto no es un problema si somos conscientes de que la diversidad existe: como que tu eres tan experta en lo puedes ayudar a los demás; y en el que vas coja necesitarás alguien. Pero aún tenemos una visión competitiva, de pensar que el que no va adelante es porque no quiere.

Educamos sólo los del medio?

Esto lo demuestra muy el informe PISA. Tenemos unos buenos resultados a nivel medio.

El peligro de esto es que los de abajo y los de arriba quedan de lado.

No todo el mundo tiene que ser experto en todo. Un escribirá muy bien y el otro dibujará muy bien. Unos lo harán prácticamente todo bien y otras tendrán más dificultades. Pero de todos podemos aprender. Lo peor que puede hacer un maestro es renunciar a que un alumno aprenda, porque si el niño tiene la autoimagen que el maestro ha tirado la toalla, él también la tirará. Esto está muy comprobado: muchas de las escuelas que dicen que un niño es de una familia con un nivel sociocultural muy bajo, no dejan que aprendan como los otros: “Mira, que hagan esto y ya basta”. Todas las estadísticas demuestran que estos niños tienen resultados más bajos. Pero siempre hay excepciones, porque hay escuelas con muy buenos resultados, comparados con los esperados. ¿Por qué? Porque detrás hay un equipo de maestros que han apostado.

También entran en juego las expectativas y los prejuicios.

Hemos hecho estudios en los que dábamos a profesores el mismo trabajo firmado por chicos y para chicas. Lo que cambiaba no era la nota que los ponían, sino que los recomendarían que estudiaran. Si es chico, arquitecto, ingeniero, economista. Si es chica, enfermera, maestra. Esto es inconsciente, pero pasa. Y si hablamos de expectativas, es imposible que un alumno sea malo en todo.

Pero hay maestros que lo piensan.

Sí, es muy habitual. Es duro hacer de maestro: los tienes que estirar a todos, teniendo presente que cada uno tiene su personalidad. Tienes que tener un equipo que cuando te hundas te anime y tu al revés. Porque hay momentos en que no sabes qué hacer y abandonarías.

Porque si no, esta frustración la puedes cargar a los alumnos.

Si no hay un equipo que te apoye, eso pasa. Estoy cansada de maestros jóvenes de secundaria que cuando empiezan a trabajar los dicen: “Olvida todo lo que has aprendido en la universidad. Haz el libro de texto así y no tendrás problemas”.

Entonces no tendría sentido ir a la universidad.

Y qué le pasa al maestro nuevo que viene con ganas de hacer cosas y se encuentra este ambiente? Que poco a poco se desanima. Aparentemente se vive mejor, pero es muy aburrido. No disfrutan y luego buscan fuera de la escuela la fuente de pasarlo bien.

El poder que tiene la mirada de un maestro en la escuela es bestial: te puede hacer mejor o peor.

La evaluación es el miedo de los alumnos y el poder de los maestros: “Si haces esto, suspendràs”. El maestro hace hacer muchas cosas en clase, pero que se debe evaluar es el mismo alumno.

Me cuesta imaginarme con diez años diciéndome si apruebo o si suspendo.

Todo va ligado. Primero tienes que conseguir que la mayoría lo haga bien. Pero tengo ejemplos de chicos que se suspenden a ellos mismos. Si tienen claros los criterios claros y los has pactado, se puede hacer. La experiencia de los centros que lo han hecho es que me un 90 o 95% de los casos coincide la evaluación del maestro con la del alumno.

Pierden el miedo de ser suspendidos.

Entienden que lo quiere decir que aún no lo hacen bastante bien. Siempre hay un diez por ciento de alumnos que no lo aceptan, debes encontrarte con ellos, hablarlo. No es decir póngase la nota y ya está. Es acompañarlos. El alumno sabe que su nota deberá ser contrastada, y no sólo por la del maestro sino por la de compañeros. Tenemos que aprender a saber hablar con mucho cuidado y tacto. Es muy complicado, tienes que saber en qué momentos vale la pena hacerlo, no transformarlo en rutina. Que no sea lo de ahora toca hacer ficha y después evaluaciones.

¿Cuál es el objetivo principal de un maestro?

El objetivo de un maestro no es poner notas, sino conseguir que todos los alumnos aprendan. Los niños, por mucho que lo lean, no descubren por qué hay verano e invierno, necesitan un acompañante, una persona que sepa más y les ayude a dar el paso. El trabajo del maestro es ser mediador para que el alumno se apropie del conocimiento en un sentido amplio: emocional, cognitivo, manupaltiu, creativo. Deberían ser personas más especializadas en ello. ¿Cuál es el lugar para empoderar a las nuevas generaciones? Las escuelas. Que un alumno evalúe lo hace autónomo y responsable de su vida.

Los exámenes se necesitan?
 
Se podría hacer una actividad para comprobar qué hemos aprendido. También necesitamos el reconocimiento de los demás, que nos digan que lo hacemos muy bien. La autoestima mejora mucho. Hay chicos que se creen que lo hacen todo muy bien, y otros que se creen que lo hacen todo mal. Ahora bien, hacer exámenes para que estudien más y si suspenden esperar que se motiven para seguir estudiando es inútil.

Qué se debería evaluar?

La creatividad. Qué les enseñamos? Que para hacer un texto debe haber un inicio, un nudo y un desenlace. Y lo hacen, a veces sin coherencia. Pero si uno empieza a escribir el texto desde el final y tiene sentido, qué? No sería el mejor? También sería la capacidad de hacerse buenas preguntas. No esperar a que te la haga el maestro y tengas que pensar cuál es la respuesta que quiere que digas. Y el tercer cambio sería el de ayudar: si sabes mucho pero no ayudas, la valoración no puede ser la mejor. Las personas más competentes son las que saben ayudar más a los demás. Esto es un criterio de evaluación muy diferente al de ahora.

El Jaume Cela dice que los maestros deben hacer buenas personas.

Es un cambio de concepción importantísimo. Hasta ahora lo que lo hacía solo y lo hacía muy bien era el de diez. Un diez debería sacar quien sabe ayudar mejor quien tiene al lado. El que lo hace solo, como máximo un notable.

Esto va en contra de la educación competitiva.

Si escribes una carta y lo haces con una plantilla y lo haces bien eres competente. Ahora, lo que ha hecho la plantilla es el de diez.

Un maestro de diez cuál sería?

El que es capaz de trabajar en grupo, de estimular y animar. Y no hacer algo por todos iguales, sino personificada.

Los maestros deben autoevaluarse más?

Una buena manera para hacerlo es abrir tu clase y que un maestro entre y te pueda comentar qué podrías mejorar. O que haga la clase conjuntamente. Muchas escuelas sacan paredes y hay tres maestros en una clase.

Esto significa romper esquemas.

Esto significa que hay tres personas que se dividen el trabajo, que se ven. Y potencialmente va bien. Al igual que decimos que cada alumno tiene sus cualidades, cada maestro, también. Recuerdo que trabajaba con un compañero de matemáticas que era supercreatiu, y yo soy más sistemática. A mí me iba muy bien tener alguien con buenas ideas, pero para ordenarlas me necesitaba a mí. La diversidad es la fuente de riqueza más grande, siempre que aprovechamos las ventajas de cada uno.
 
Cualquiera puede ser maestro?

Este es uno de los problemas: como todo el mundo ha sido alumno, todo el mundo piensa que sabe cómo debe ser un maestro. Magisterio ahora es una de las carreras con la nota de corte más alta. Quien entra en magisterio? Chicas trabajadoras, con disciplina y poco aventureras. “¿Qué debo hacer? Esto”. Pero para hacer de maestro necesitas otras cosas.

¿Cuál es la primera condición para serlo?

Hay una gran diferencia entre los alumnos de magisterio que han pasado por el escultismo, el esparcimiento, y los que no. Son personas que se apasionan. Que van por delante, que no esperan que les digas qué hacer. Si has sido monitor, cada semana te has tenido que inventar qué hacer con los niños. En cambio, los que no tienen esta experiencia normalmente esperan ver qué les manda la Generalidad. Cuando fui a Finlandia, tenían un nuevo currículo, y pregunté a la directora en la que los cambiaría. Dijo: “En nada, ya hace años que lo hacemos”. Por lo tanto, no están esperando que les digan cómo deben trabajar. Y esta es la condición de un buen maestro.

Se preparan bien a los futuros maestros a magisterio?

Una de las dificultades es que todavía son alumnos de magisterio: dime qué tengo que hacer para aprobar, en vez de verse como aprendices de maestro.

Falta más coherencia a la educación?

Digo a los maestros que no sirve de nada que se lleven exámenes para corregir el fin de semana. Porque puedes detectar, analizar, pero corregir sólo lo puede hacer la persona que se ha equivocado. Hay estudios que demuestran que el trabajo más inútil de un maestro es pasarse el domingo corrigiendo exámenes. El alumno sólo mira el número y ya está, por muchos comentarios que pongas. Y los niños que tienen dificultades, además, no entienden los comentarios.

Y encima los desanimes.

Sí. Y seguimos haciéndolo.

¿Por qué?

Por ejemplo, porque hay miedo de que dirán los padres si no lo ven corregido. Explícales que no sirve hacerlo. Porque cuando lo dices, lo entienden. Muchas de las cosas que hacemos no son gratificantes para el maestro y los nanos no les sirve. Y, a pesar de saber que no sirven, las vamos haciendo.

Es un oficio que pide mucho cuidado.

Lo que caracteriza esta profesión es que estás constantemente tomando decisiones importantísimas. Un estudio dice que un maestro durante el día toma más de cien decisiones, mientras que otro ejecutivo de una empresa en toma cinco o seis. Dicen que el estrés del maestro, las depresiones, vienen causadas por la cantidad de decisiones. La mayoría van ligadas a ello. Un nano se porta mal, estás nervioso y le dices: “Cállate!” Y luego por la noche vas pensando por qué le contestaste así. Y eso es lo que crea el estrés.

Algunos deben costar más de olvidar.

Recuerdo una vez un niño muy bajito. Íbamos en metro a un museo y una madre se ofreció a llevar tres o cuatro en coche. Le dije: “Toma este, que es pequeñito”. Me escuchó y no me quiso dirigir la palabra nunca más. Es inconsciente, es una decisión que debes tomar al momento. Recuerdo que estuve días pensando como lo haría, intentando hablar con él, y estaba totalmente rebotado. Porque ya tenía complejo de bajo y le reforzar. Y como has de tomar decisiones constantemente y tienes muchos niños diferentes, esto ocurre.

Has pedido perdón como maestra?

Sí, es importante. Le pedí que me perdonara. Pero él tenía 13 años y no lo aceptó fácilmente.

Pero es importante darse cuenta de que has herido.

Un maestro debe ser muy empático, ponerse a la situación que viven los alumnos. Puedes tener 25 o 30 niños. A uno le dices una cosa y la afecta, y al otro, no. Tienes que tener mucho tacto. Esto se aprende con la experiencia, a partir de una actitud que tenga el maestro. El primer año te venden todas altas. No puedes tomar estas decisiones rápidamente, porque debes tener experiencia. La profesión de magisterio se pasa demasiado del cero al cien.

Cuando terminé magisterio y entré en un aula, veía muy alejado lo que había estudiado lo que veía ante mí.

Debería haber unos años de progresión, y que tuvieran un acompañante. Un maestro termina la carrera y, si tiene suerte, el año siguiente ya está cobrando un sueldo bastante bueno, que es lo que tendrá toda la vida. Y que es lo que cobra un maestro que hace 15 años que se dedica y que es mucho más competente. Algunos, incluso, ya son tutores el primer año.

Casi nunca sabes qué dejas en un alumno.

En una empresa tienes los resultados a corto plazo, en la escuela, no. El feedback de los alumnos es a largo plazo. Mis netos sí me dicen si un maestro es buenísimo o no. Pero normalmente no les llaman. En una manifestación, una madre me explicó que su hijo estaba estudiando no sé qué y me dijo: “Tengo que dar las gracias porque a octavo no le interesaba nada, pero contigo cambió”. Esto me lo dijo seis años después. Y muchas veces no eres consciente, ni por bueno ni por malo.

Los alumnos son espejos. Si el maestro se apasiona por algo, ellos lo reflejarán.

Recuerdo que la madre de una chica que hacía octavo me dijo: “No le gustan las ciencias, pero quizás contigo sí”. Y a final de curso la chica me dijo: “Lo has intentado, pero las ciencias no son para mí”.

Pero lo intentaste.

Los maestros no podemos renunciar nunca.

Fuente:

http://www.catorze.cat/noticia/7549/neus/sanmarti/es/impossible/alumne/sigui/dolent/tot